Diego Ricol: No conozco el mundo sin música

Miguel Ángel Cegarra ganó el Concurso Nacional de Música de Francia

El violonchelista venezolano de 13
años participó en la categoría de adultos, del certamen que ya lleva 29
ediciones, en la ciudad francesa de Lempdes.

sábado 31 de marzo de 2012  04:15 PM

El joven violonchelista
venezolano Miguel Ángel Cegarra, de 13 años, acaba de ganar el primer
lugar del 29° Concurso Nacional de Música realizado en la ciudad de
Lempdes (Francia), en la categoría de 25 años.

Su maestro,
Phillipe Müller, le indicó a Cegarra que en virtud de su nivel tenía que
participar en esa categoría, por lo que renunció a participar en las
categoría de 13 ,15 y 17años, es decir, las que por naturaleza le
correspondían.

El repertorio seleccionado para el certamen fue
el segundo movimiento del «Concierto en Re para violonchelo y orquesta»
de Édouard Lalo, y la sonata «Requiebros», para violonchelo y piano de
Gaspar Cassadó. Al finalizar su interpretación, los cuatro miembros del
jurado quedaron altamente asombrados por «la brillante ejecución,
versatilidad, pasión,facilidad y emotividad con la cual interpretó el
repertorio».

Al momento de entregar el diploma, una de las
integrantes del jurado particularmente le dijo: «cuando tocaste yo me
elevé, me transporté y me impresionó la manera como haces cantar el
instrumento».

Este concurso tiene un gran prestigio
internacional, porque está avalado por los profesores del Conservatorio
de París, quienes fungen como miembros del jurado.

En
comunicación telefónica, el joven Cegarra se mostró visiblemente
emocionado, y dedicó su premio especialmente al maestro José Antonio
Abreu, a quien le agradece altamente haber confiado en su talento y
disciplina.

Desde el pasado mes de septiembre, Miguel Ángel se
encuentra en París cursando estudios de violonchelo con Müller. En
Caracas tuvo su formación bajo el Sistema de Orquestas Juveniles e
Infantiles de Venezuela, de la mano de los maestros Valmore Nieves y
Kenny Aponte.

 

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Miguel Ángel Cegarra, quien acaba de cumplir en diciembre de 2010 12 años. Este jovencito sobresale entre sus compañeros porque tiene un enorme talento y una memoria musical extraordinaria, al punto que a su corta edad ya se ha paseado por escenarios importantes de Europa, Norte y Centroamérica, donde ha dado conciertos con su violoncello solista.

Por Germán Alirio Luna / @galunach
Revista Sala de Espera

En Caracas, y en casi todo el país, se repiten por las tardes caminatas apresuradas de niños y adolecentes, quienes junto a sus representantes cargan con sus instrumentos musicales en el transporte público o por las aceras de calles y avenidas. Estos son los estudiantes que se están formando en el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles, fundado y dirigido por el laureado maestro José Antonio Abreu. Uno de estos niños es Miguel Ángel Cegarra, quien acaba de cumplir en diciembre pasado 12 años. Este jovencito sobresale entre sus compañeros porque tiene un enorme talento y una memoria musical extraordinaria, al punto que a su corta edad ya se ha paseado por escenarios importantes de Europa, Norte y Centroamérica, donde ha dado conciertos con su violoncello solista.

Su padre, Rafael Cegarra, aceptó que el pequeño músico contara parte de las experiencias que, día a día, vive Miguel Ángel.

-¿A qué edad empiezas tu contacto con la música?

-Mi mamá era violonchelista. Me cuenta que, cuando estaba embarazada de mí, me tocaba el violoncello y ponía sobre su barriga música de Vivaldi y Mozart. A los tres años de edad, cada vez que ella tocaba le pedía que me prestara su cello -que era muy grande para mí-, pues yo quería hacerlo también. Entonces mis padres decidieron comprarme un violoncello muy pequeño, que parecía más bien un violín grande. Se convirtió en mi juguete preferido y, desde allí, no he parado de tocar. ¡No conozco el mundo sin música!

-¿Quién fue tu primer maestro y dónde empezaste a estudiar música?

-Mi madre, Karla Monsalve, fue mi primera maestra. Ella se formó en el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles que dirige mi querido maestro José Antonio Abreu. Después, a los cuatro años, comcencé a formarme en el Colegio Emil Friedman con la Maestra Zaida Gómez, y a los siete años entré en la Academia Latinoamericana de Violoncello, dirigida por el maestro William Molina. Desde entonces, he estado bajo la tutela del maestro Valmore Nieves, quien diseñó para mí un programa especial de técnicas y repertorios que me ha llevado a tocar obras muy complejas para mi edad. También tengo el apoyo del maestro Kenny Aponte y de la profesora Olimpia Sorrentino en teoría y solfeo. Somos un gran equipo.

-¿Cuándo y dónde fue tu primera presentación en público?

-Mi primer concierto fue cuando tenía cuatro años en la Sala Mozart del colegio. Recuerdo que estaba en preescolar 1. Allí realicé muchos mini conciertos hasta los siete años. Recuerdo especialmente la primera vez que toque en el Teresa Carreño, a los ocho años. Interpreté un concierto de Vivaldi. También fue significativa una ocasión en la que me dirigió el maestro Gustavo Dudamel, a los 10 años, en el concierto en Do Mayor de Haydn. Han sido grandes experiencias, fueron metas y sueños cumplidos para mí.

-¿De cuál de las audiciones en las que has participado guardas recuerdos emocionantes?

-La de Alemania en septiembre pasado, porque fueron 139 participantes: 99% de Europa y Asia, el promedio de edad era de 21 años y yo, con 11 años, fui el más joven y el único latinoamericano. Participé con los ganadores de premios internacionales como Dai Miyata, de 24 años, ganador del Concurso Internacional de Rostropovich 2009. Era, como se dice, “la crema de la crema” del violoncello. Aprendí mucho, fue súper emocionante para mí escuchar los excelentes y maravillosos comentarios que los participantes y maestros hacían del Sistema de Orquestas de Venezuela. Era increíble y extraordinario ver cómo personas de todas partes del mundo reconocen el estatus musical de Venezuela gracias a la labor de mi querido maestro Abreu. Le doy gracias a él por haber creado este maravilloso sistema, que hizo posible que yo estuviese allí entre los grandes. Eso me motivó y me convenció más de que lo que hay que hacer es, como dice el maestro Abreu, es “tocar y luchar”.

-¿Cuál fue el concierto para chelo y orquesta que pudiste interpretar en forma completa? ¿Dónde y con cuál director?

-Han sido varios. El primero fue el Do Mayor de Vivaldi con la Orquesta Sinfónica Juvenil de Caracas, bajo la dirección del maestro Dietrich Paredes en la Sala Rivas del Teatro Teresa Careno. Tenía ocho años. También en la Sala Simón Bolívar de la Sede del Sistema de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela.
Tuve la oportunidad de tocar el Do Mayor de Haydn con la Orquesta Sinfónica del Estado Nueva Esparta, bajo la dirección del maestro Alfredo Rúgeles. Fue algo muy especial, ya tenía nueve años y era la primera vez que la interpretaba en público. La pieza, por su estilo clásico, es muy exigente. Muchas personas estaban a la expectativa, pues era la primera vez en Venezuela que un niño de mi edad tocaba ese concierto.

-¿Cuál chelista venezolano admiras más y por qué?

-Admiro y quiero mucho a mi maestro Valmore Nieves por la forma que tiene de darme clases a mí y a los otros niños. Es excelente violonchelista, considero que sabe mucho. Él toca muy bien los solos con la Orquesta Simón Bolívar. También lo admiro porque, con su ejemplo, me ha enseñado disciplina, constancia, valores éticos con los cuales me ha formado para que el violoncello sea para mí una forma de vida. “Valmo”, como yo lo llamo, es también mi competidor en el Wii. Él es del Real Madrid y yo del equipo campeón del Barcelona. Es mi amigo, pero sobre todo, es un ejemplo para mí.

-¿En cuáles ciudades europeas te has presentado y qué recuerdas de esas experiencias?

-Como solista aún no me he presentado. Me gustaría hacerlo pronto. He participado en cursos y clases magistrales en España, Alemania y Francia.

-En tus ratos libres, ¿practicas algún deporte?

-Sí, la natación. La verdad es que me encanta el mar y los deportes acuáticos como el kayak, el snorkel y la pesca. Hago ejercicios todos los días, sobre todo una rutina de abdominales. No quisiera ser un cellista panzón (risas), y trato de jugar fútbol los fines de semana con mis amigos. Eso sí, me cuido mucho los brazos y manos, por lo que nunca soy el portero.

-¿Cuántas horas al día dedicas a los estudios musicales y a los ensayos con el chelo?

-Dedico entre cuatro y cinco horas diarias al violoncello, incluyendo las horas de teoría y solfeo en la semana. Como complemento de mi formación personal, estudio inglés y francés.

-El pasado 3 de diciembre de 2010, fuiste invitado a Canadá para presentarte frente al Primer Ministro, el Gobernador General y altos funcionarios de ese país. ¿Cuál fue la sensación que tuviste esa noche?

-Cuando entré al Rideu Hall para los ensayos y al momento de entregarle al Primer Ministro de Canadá y al Gobernador General la máxima condecoración del Sistema de Orquestas que el maestro Abreu me encomendó entregar, me sentí muy orgulloso y feliz. En ese momento, pensé que mi esfuerzo y horas de estudio siempre tienen una gran recompensa. Era realmente afortunado de estar allí, en esa casa gigante del presidente de Canadá, para tocarle a las altas autoridades. Por un momento, pensé en Gustavo Dudamel, que es para mí el mayor ejemplo de inspiración. Entonces, al sentarme frente al público, di lo mejor de mí. Expresé a través de la música mi pasión y la emoción que yo siento cuando toco.

-¿Por qué utilizas esos lentes de montura de carey tan grandes y de distintos colores?

-Mucha gente me pregunta si son de verdad o son de juguete, pero en verdad tengo miopía. Los colores rojo y azul me gustan mucho porque desde pequeño me ganaba rifas en las piñatas diciendo esos colores. Después, mi querido maestro Abreu me presenta como Spiderman o el hombre araña y muchos en el Sistema así me conocen. Me gustaron estos lentes porque son diferentes y divertidos. Todo el mundo me pregunta sobre ellos. Uso lentes desde los cuatro años y los primeros fueron verdes. Aunque el doctor me dio permiso de usar lentes de contacto, estoy tratando de acostumbrarme a ellos.

Fuente: Revista Sala de Espera

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