Diego Ricol: Venezuela Viva, estrena Doña Bárbara

Como a muchos otros venezolanos, a Carolina Lizarraga le tocó el clásico paseo obligado por la obra de Rómulo Gallegos. Cosas del sistema educativo que transforma en tediosa tarea lo que debería ser un disfrute. Así anduvo por las páginas de Doña Bárbara, la emblemática novela del escritor venezolano en la que habita ese personaje femenino devenido en ícono universal.

Por Oscar Medina
Revista Sala de Espera

Ya en la edad adulta experimentó su reencuentro con ese texto: “Siempre tuve la sensación de que Doña Bárbara es una novela que te obligan a leer pero no te enseñan a amarla”. Lizarraga, coreógrafa, bailaora y creadora del musical Venezuela Viva, recuerda claramente el momento en el que decidió explorarla con otra mirada: “Mi tía Marisabel nos mostró la película mexicana y me impactó la actuación de María Félix. Y el poder de la historia. También el hecho de que hay momentos de la película que no están relacionados con la cultura venezolana. Así que me planteé buscarla y leerla otra vez, pero pensando en un proyecto futuro”.

Impulsada entonces por el gran éxito de su primer gran montaje, Venezuela Viva (con más de 120 funciones en escenarios internacionales), Lizarraga abordó la narración de Gallegos con la idea puesta en el show. “Esa es una historia que dice mucho y sentía que faltaba un gran homenaje a esa obra, a Gallegos. Faltaba algo que plasmara la conexión con la tierra, que reflejara la fuerza del joropo llanero. Tenía que haber una creación hecha por venezolanos a partir de Doña Bárbara. Así que la redescubrimos —creo que eso nos pasó a todos- y nos estamos sacando una espinita”.

Esa “espinita” se la sacan ahora, luego de tres años de trabajo, a través de un ambicioso musical que involucra a 40 artistas y que es —valga la aclaratoria- una versión libre de Doña Bárbara, que tiene como eje simbólico al Orinoco —“es la vida, donde todo nace y renace”- y como personajes centrales a Santos Luzardo (Alejandro Zabala); a Marisela (Carla Urquiola); a Pajarote (Juan Carlos Páez) y, por supuesto, a la doña, encarnada por la reconocida bailarina Daniela Tugues.

Vicente Albarracín tiene a su cargo la dirección de los actores. Conocido por su trabajo en televisión y teatro, Orinoco supone para él la experiencia de lo novedoso: “Hay una gran mezcla de talentos en diferentes planteamientos escénicos. Tenemos bailadores de flamenco, joroperos de Barinas, hay actuación, canto y la música es en vivo, algo que es valioso, arriesgado y difícil. Lo grandioso no sólo es el súper esfuerzo que implica el montaje, sino la naturalidad con la que se ha hecho toda esa mezcla de elementos tan disímiles”.

Y más allá de lo técnico, destaca un elemento emotivo: “Una de las cosas más bellas de Orinoco es que te recuerda la maravilla de país que tenemos, lo que somos. Hay una poética especial en la manera de contar la historia que yo no había visto nunca. Ojalá todas las lecturas de Doña Bárbara, y de Gallegos en general, fueran así. Aquí se logra un tipo de lenguaje totalmente diferente. Y si la gente va a verla desprejuiciada, a disfrutarla, van a pasar la mejor noche de sus vidas”.

Orinoco se divide en dos actos, con una veintena de escenas. La primera parte, en esencia, narra la decisión de Santos Luzardo de regresar al llano a recuperar sus tierras, su encuentro con el llano después de tantos años y su choque con la influencia y el poder de esa mujer que se enseñorea en esos parajes. El segundo bloque, es el enfrentamiento, el arquetípico momento en el que se contraponen la civilización y la barbarie, el intento de domar y someter al otro, el desarrollo de las pasiones.

Y es una historia que se cuenta con los cuerpos. Daniela Tugues no sólo presta el suyo -forjado en el flamenco y la danza- al personaje de Doña Bárbara, sino que es además la directora de baile. “Se da una fusión completa”, señala al explicar la madeja que une al flamenco con la música tradicional venezolana. “Aquí van a encontrar a Venezuela, verán por primera vez bailes de joropo al compás del flamenco. Van a encontrar joropo de verdad y también la expresión del flamenco con la danza. Orinoco viene a decir que todos los sueños pueden hacerse realidad si tenemos el valor de ir tras ellos. Todas las personas que estamos en Orinoco vinimos a realizar sueños. No estamos copiando nada, estamos formulando un lenguaje, estamos creyendo en nuestros valores, en nuestra raza”, cuenta.

Tugues promete una suerte de experiencia total: “La gran emoción cuando vean a esos 40 jóvenes —porque yo también me siento muy joven- diciéndole al mundo que sí podemos, con alegría, con disciplina, con trabajo. Diciendo que es el momento de tomar lo que es nuestro y de tomarlo con amor”.

Abordar un personaje tan poderoso como Doña Bárbara fue algo que la bailarina asumió como algo muy personal: “Mi vida ha sido muy intensa, muy dura desde el punto de vista emocional. No me ha sido difícil interpretar a esa mujer dolida e iracunda contra el mundo, porque eso ha sido parte de mi historia. Y utilizo mis vivencias para hacerlo. Este personaje es casi una terapia”.

Lizarraga aporta una visión desde afuera: “Daniela es una artista muy arriesgada, muy auténtica. No sé cómo puede pararse y caminar después de hacer el show. Tiene una energía, una cosa como salvaje que da miedo muchas veces y que, sobre todo, impone respeto”.

En la conversación con Lizarraga, Tugues y Albarracín, surge una y otra vez el orgullo y la admiración que profesan al elenco. “Todos hemos ido a espacios que no son nuestros lugares habituales” dice Albarracín: “Por ejemplo, Carla Urquiola (quien encarna a Marisela) baila joropo, baila flamenco, actúa y aquí está cantando por primera vez. Y todo lo hace maravillosamente bien. Y además es hermosa. Es una actriz que, como director, te genera el atractivo de querer seguir explorando con ella”.

Destacan igualmente la importante participación del grupo de bailarines de joropo formados en la Fundación Daniel Cabrera, de Barinas: “Tienen un enorme poder, son todos bailadores natos”, celebra Lizarraga: “El joropo, en parte, nació del flamenco, pero ambos evolucionaron por caminos distintos. Y es un gusto encontrar que ellos sienten esa conexión con el flamenco que a su vez se conecta con la fuerza que tienen. El poder de los dos juntos genera un lenguaje nuevo”.

Si los aspectos coreográficos y visuales —aseguran- están planteados a tan exigente nivel, la música —que es el otro gran soporte del espectáculo- augura momentos de sublime maestría. Se escucharán al menos 15 golpes de joropo en los que la tradición se explora hasta sus raíces primigenias, pero también se encuentra con géneros universales como el jazz.

La banda que forma parte del show incluye arpa, cuatro, maracas y bandolina. Pero también batería, flautas, teclados y violín. La composición de las piezas —aunque se incluyen temas tradicionales- estuvo a cargo de César Orozco, con la participación de ese maestro del arpa que es Carlos “metralleta” Orozco.

Pero, ¿entre tantos elementos no existe la posibilidad de la dispersión, del extravío? “Nos metimos en un enorme riesgo artístico y profesional”, apunta Lizarraga: “Pero lo hicimos con mucho respeto y siempre con la base de la novela y con el cuidado de no perder la esencia de los artistas para que cada uno trabaje en función de contar la historia. Cada vez que nos topamos con algún problema, simplemente acudimos a la novela y a nuestros corazones”.

El resultado de este experimento se verá los días 17, 18 y 19 de junio en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, con cuya Dirección de Cultura hicieron alianza para sacar adelante esta empresa cobijada por la Fundación Venezuela Viva. A partir de ahí, esperan que, como toda criatura, se desarrolle y alce vuelo a otros escenarios nacionales y foráneos.

De momento, el proyecto parte con una bendición muy especial: la de Sonia Gallegos, hija del novelista. “Estuvo en uno de los ensayos generales”, cuenta Lizarraga: “Se le veía muy seria, pero nos dimos cuenta de que estaba conteniendo el llanto. Al final, llorando emocionada nos dijo que sentía que el espíritu de la novela de su padre estaba allí presente en todo momento. Eso era algo que todos necesitábamos saber”.
 
 
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