Diego Ricol: Talento Venezolano: Venezolanos animados

Varios venezolanos se hacen camino y destacan en el mundo de los colores, las luces y el movimiento. Acá hablan de sus proyectos actuales y planes futuros, dentro y fuera del país. Apostaron por la animación con logros brillantes: Desde estar en Pixar y trabajar en Cars 2, hasta lograr un Emmy y llegar a Cannes. Iluminan, dirigen, componen o diseñan. Sus trabajos ganan   premios y baten récords de taquilla. 

Magaly Rodríguez mrodriguez@el-nacional.com

Podrían ser amigos de la cuadra o compañeritos de arrecife. Con sus enormes ojos azules y sus aletas juguetonas, Chucho ­la simpática mantarraya del cortometraje animado Hoy no se hace pastel de chucho­ podría nadar sin complejos con Nemo y Dory, los aventureros peces de los estudios Pixar. Aun sin voz, Chucho tiene chispa suficiente para hacer osadas piruetas y burlar pescadores con su toque de picardía margariteña. Su carisma es resultado de un largo y laborioso proceso digital que durante un año lo transformó de garabato de storyboard a estrellita de cine y que este año lo llevó a formar parte del Short Film Corner, la selección de cortometrajes que se exhibe en el Festival de Cine de Cannes.

Quienes lograron verlo en las salas criollas ­como preludio a la nueva cinta de X-Men­ quedaron sorprendidos ante el avance de la animación criolla en las lides del 3D. Sin embargo, a Braulio Rodríguez ­su creador y director­ le interesa particularmente que el mensaje ecológico de su obra llegue fuerte y claro. En 5 minutos, relata la persecución de un pescador margariteño que desea convertir a Chucho en pastel, hasta que un aluvión de basura lanzado al agua les hace descubrir que ni unos ni otros ganan y que el mar es un hogar común.

“Dura cinco minutos, pero por detrás es un trabajo muy complejo que toma mucho tiempo y que en Venezuela todavía tienes que resolver con un equipo reducido de personas y recursos. Mi objetivo es poder convertir esto en una especie de saga ecológica y que en ese proceso muchos aprendan de otros cómo se hace, que sea un semillero de nuevos talentos.

Mientras más seamos, más se aprenda y más se produzca en el país, mejor para todos”.

Aunque hay quien piensa automáticamente en comiquitas cuando oye hablar de animación, los involucrados explican que se trata de un entramado mucho más amplio. “Siempre es muy difícil de explicar y a la gente nunca le queda muy claro qué es lo que uno hace”, explica Silene Pedrón, quien participó en el cortometraje como su debut en este campo. “La gente suele asumir que si eres animador es porque sabes hacer dibujos, pero en realidad no necesariamente requieres esa habilidad. En Chucho yo me ocupé de fijar puntos que servían de referencia para que las figuras se movieran, por ejemplo.

Otros se encargan de integrar el trabajo, otros más iluminan esa secuencia y así sucesivamente.

Es un desafío creativo porque siempre hay algo que resolver”, explica. Manuel Piña, director de arte del proyecto, recuerda que no todo lo que se anima son historias con personajes.

“Uno también puede darle movimiento a logos y gráficos o diseñar elementos dinámicos y efectos visuales. Esas también son formas de animación”, ilustra.

Los secretos del éxito. El día que Miguel Oldenburg recibió una llamada en inglés en su escritorio de la postproductora Canal Uno, insultó a su interlocutor y le tiró el teléfono.

“Pensé que era un pana que me estaba vacilando”. Por suerte en la productora estadounidense Betlegeuse fueron insistentes y lograron convencerlo de que su oferta de trabajo era en serio.

Hoy, 17 años más tarde, con numerosos trofeos de premios publicitarios y un Emmy ­”lo uso como pisapapeles porque pesa full”, acota jocoso­ asegura desde Nueva York que para ser exitoso en esa industria las relaciones son esenciales. “El talento y los conocimientos técnicos son importantísimos y hay que cultivarlos, pero este ramo es realmente muy reducido: por eso es fundamental saber conectarse y trabajar con ética y buena disposición, porque hay muchos egos involucrados que por lo general son un tremendo estorbo”, asegura.

“Tienes que `ser gente’ siempre y con todo el mundo, porque nunca sabes con quién vas a volver a trabajar. Para mí es importante que sientan que voy a hacer mi mejor esfuerzo para hacerlos quedar bien”.


Desde su oficina en Pixar, el venezolano Esdras Varagnolo comparte esta opinión. “Una sola persona que haga este trabajo con pasión vale por 40 que hagan lo mismo sin mayor entusiasmo. Suena muy cliché, pero es verdad. Trabajar en cualquier área de animación requiere mucha paciencia para reconocer que se necesita seguir aprendiendo todos los días, en parte porque el público tiene un ojo cada vez más sofisticado y siempre espera más de uno. Hay que estar siempre abierto a pedir opiniones y entender que mientras más te ayuden, mejor vas a ser”. A su juicio, rodearse de un buen equipo funciona como una caja de herramientas. “Es como tener martillos, serruchos, taladros y tornillos de todo tipo.

Cada uno contribuye con lo que hace mejor para construir ese proyecto”.


Uno para todos.

Todos coinciden en que desarrollar la animación de un proyecto nunca es una labor individual.

“Yo nunca podría decir que Chucho es completamente mío porque es obra de un trabajo de un equipo muy comprometido”, indica Braulio Rodríguez. Para sobrevivir, la humildad es una cualidad de rigor que Manuel Piña resalta con amarillo fluorescente en la receta. “En Venezuela, donde todavía tenemos bastante que aprender, lo que se requiere es interés y ganas de tomar cada vez más riesgos. Lo importante es saber que uno no sabe. Yo no dudo que cualquiera pueda hacer esto si le pone bastante empeño y paciencia”.

La suya es una aseveración paradójica en vista de todo lo que se requiere, pero curiosamente muchos de sus colegas la comparten. “La gente que se dedica por completo a hacer efectos especiales, por ejemplo, estudia muchísima física y matemática para entender y desarrollar ciertos procesos”, dice Esdras Varagnolo. “Yo lo he hecho y también estudio constantemente pintura y fotografía porque mi campo es la iluminación, pero honestamente no siento que uno tenga que ser Einstein o Miguel Ángel para poder hacer esto. Lo digo de verdad. Si tienes curiosidad suficiente para informarte y para experimentar, puedes aprender y avanzar muchísimo”.

Varagnolo fue quien iluminó la cálida secuencia donde Carl y Ellie se conocen como niños y envejecen juntos en Up. Le sacó brillo a la loca escena de Toy Story 3 en la que Buzz Lightyear se resetea y se reconfigura en español. Más recientemente, es él quien pone la luz en la secuencia acuática de apertura de Cars 2 con Finn McMissile.

Antes de entrar a Pixar, el técnico trabajó en una casa productora de efectos especiales que en ese momento pertenecía al director James Cameron. “En esa época me tocó hacer efectos para varias películas de acción.

Por eso cuando en Pixar necesitan alguna opinión técnica para diseñar tiroteos, bombardeos, casas o carros que explotan y demás explosiones-variasdonde-todo-explota- explosivamente (risas), muchas veces me preguntan a mí”. Como en todo, siempre ayuda saber por dónde vienen los tiros.

Fuente: Revista Todo en Domingo

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